Mi conexión con el mundo se resetea y la luz me trae tu figura medio cubierta en el drapeado de la cama. Pareces una obra de arte protegida del polvo con un lienzo. Recuerdo tu pose acostada, esperándome y el lecho era concha perfecta para tu nacimiento entre suspiros. Mis dedos quemados aún luego de la aventura de explorarte quieren volver a galopar tus llanuras y cumbres, pero el momento no es buen cómplice. Tu cabello fue rienda y marcapáginas perfecto de los muchos capítulos de besos. Mis ojos quedaron grabados del mosaico de tus sombras. Mis huesos sintieron los placenteros embates de tu abandono. Tu boca entreabierta era el portal por donde tu alma subía y bajaba. Tu respiración arrítmica era el viento que hinchaba mis velas. Atracaba en tu puerto y me esperaban tus ojos para recibirme. Y pienso entonces en lo injusta que es la vida, porque no ha nacido aún quien invente la fundición de almas, para que también, allí, seas mía.