Comandos.

Agosto 5, 2008 - Leave a Response

Es de noche y llueve en la selva. Las gotas con las piedras aplauden el paso de los soldados, quienes con sigilo, avanzan charco a charco hacia el campamento. Ya las palas del Drakkar volador quedaron atrás en tiempo y espacio. Los modernos centuriones, como aborígenes en la caza, se comunican por señas para evitar alertar a las presas.  La lluvia amaina y con ella, la altura de las siluetas y la distancia al sitio. Se escuchan risas y ruidos mecánicos. Alguien carga una escopeta y el sonido activa la cámara lenta de la escuadra, la cual inicia su reptílico avance. Pasan unos segundos y cada soldado elige su blanco. A través de las miras, se ven los futuros Cristos con sus cruces al pecho o a la espalda. El líder con sus dedos inicia un conteo regresivo de cinco a uno para ejecutar la misión. Cinco: click, siguen las risas,… Cuatro: -¿Y entonces, Joviniano?, le están haciendo el mandado a tu ahijada? – Tres: más risas y comentarios,… Dos: -¡desgraciao, que tiene solo dieciséis años! yo la cuido mucho,…- y más risas,… Uno: - y si la cuidas, pa’ qué la descuidas?, ¡epa! ¿no escucharon alg…- siete disparos certeros sirven de guadaña y salva fúnebre: siete sacos de vísceras se desploman inertes, algunos abriendo ojos, bocas y esfínteres ante su último sueño. La vieja jungla grita desordenada la queja de su tranquilidad perdida. Los cañones de las armas, como fumadores expertos, botan con calma el humo de su estertor. Se levantan con prudencia y se acercan a chequear la seguridad de la muerte. La misión de ser verdugos, ha terminado.

Al despertar.

Febrero 4, 2006 - Leave a Response

Mi conexión con el mundo se resetea y la luz me trae tu figura medio cubierta en el drapeado de la cama. Pareces una obra de arte protegida del polvo con un lienzo. Recuerdo tu pose acostada, esperándome y el lecho era concha perfecta para tu nacimiento entre suspiros. Mis dedos quemados aún luego de la aventura de explorarte quieren volver a galopar tus llanuras y cumbres, pero el momento no es buen cómplice. Tu cabello fue rienda y marcapáginas perfecto de los muchos capítulos de besos.  Mis ojos quedaron grabados del mosaico de tus sombras. Mis huesos sintieron los placenteros embates de tu abandono. Tu boca entreabierta era el portal por donde tu alma subía y bajaba. Tu respiración arrítmica era el viento que hinchaba mis velas. Atracaba en tu puerto y me esperaban tus ojos para recibirme. Y pienso entonces en lo injusta que es la vida, porque  no ha nacido aún quien invente la fundición de almas, para que también, allí, seas mía.

Luz

Febrero 2, 2006 - Leave a Response

Entra como daga a mis ojos, escribe como tinta en mi mundo, toca como el agua mi cuerpo, va y viene como el sueño. Miles de letras en una sola vida, miles de vidas en un solo cuento, miles de cuentos en una sola historia, miles de historias en un solo signo, miles de signos en una sola letra. Serpiente en ocho, uno sobre cero.